domingo, 26 de abril de 2020

CRÍTICA

Muerte en Hamburgo/ Craig Russell
Craig Russell (Fife, Escocia, 1956) es un escritor escocés, devoto germanófilo, que ha creado la saga de novelas protagonizada por el Hauptkommisar de la división de homicidios de la policía de Hamburgo, Jan Fabel, de la cual ésta es la primera entrega. En la actualidad ya son siete las novelas protagonizadas por este personaje.
Un asesino en serie autodenominado El Hijo de Sven ha cometido dos asesinatos de extrema crueldad, imitando un antiguo ritual vikingo,  y ha mandado sendos mensajes personales al comisario Fabel retándole a que lo detenga. Fabel tiene que intentar resolver el caso contrarreloj, antes de que el asesino vuelva a actuar, pero éste no ha dejado ninguna pista y no parece haber ninguna conexión entre las víctimas. Para acabar de complicar el asunto, una extremadamente violenta mafia ucraniana ha llegado a la ciudad y parece haber revolucionado a las organizaciones criminales locales lo que amenaza con crear un conflicto de consecuencias funestas.
Con estos elementos, Russell ha tejido una trama compleja, compuesta de varias subtramas enlazadas de forma muy hábil y coherente y pobladas
por muchos personajes, lo cual hace que la historia sea absorbente para el lector y que mantenga la tensión durante toda su extensión al precio de exigir una lectura concentrada y atenta.
Russell incluye en sus novelas, y esta es una buena muestra de ello, abundantes referencias sobre temas históricos y mitológicos, en los que está muy versado. En este sentido, hay que hacer una especial mención a la propia ciudad de Hamburgo, de la que el autor se muestra profundamente enamorado y que se erige también en protagonista de la narración.
El final queda muy abierto y, aunque no quiero desvelar el desenlace, sólo diré que el caso que se investiga no queda del todo cerrado al cien por cien porque queda un cabo suelto que hará su aparición en algún otro libro de la saga.

viernes, 10 de abril de 2020

CRÍTICA

Castillos de cartón/ Almudena Grandes
Esta es una novela de iniciación que narra una poco ortodoxa historia de amor a tres bandas. Se trata, en realidad, de una novela corta pero muy intensa cuya historia está explicada en primera persona por María José, una estudiante de Bellas Artes en el Madrid de los años ochenta, que entabla una relación con dos compañeros de clase, Jaime y Marcos, primero de amistad, luego sexual y, finalmente, amorosa, en este orden. Es una relación en la que se mezclan su amor por el arte, su admiración mutua y su salvaje atracción sexual, y con el tiempo se vuelve una relación compleja y absorbente entre tres jóvenes desinhibidos que terminará siendo frustrada a causa de los egos y los celos entre los dos chicos.
Esta es, quizás, la ocasión en que Almudena Grandes, que siempre se ha destacado por explorar la psicología femenina y retratar con maestría personajes de este género, se adentra con más profundidad en la mentalidad de dos personajes masculinos, y lo hace con gran acierto.
El libro está dividido en cuatro partes: El arte, El sexo, El amor y La muerte, en las que Almudena Grandes describe con detalle y con una prosa sencilla y amena pero no exenta de estilo, las etapas que atraviesa la relación de los tres protagonistas de una forma introspectiva, con una gran profundidad psicológica.
En mi opinión, Grandes tiene un gran talento para expresar con palabras los sentimientos humanos más profundos sin caer en la cursilería o en el sentimentalismo facilón, lo cual tiene mucho mérito.
Quizás esta no es una de las novelas más emblemáticas de la autora pero, sin duda, es muy recomendable.

miércoles, 1 de abril de 2020

CRÍTICA

                                     Koko/ Peter Straub
Hace ya algunos meses publiqué en este mismo blog la crítica de otra novela de Peter Straub, Perdidos, y en aquella ocasión, si no recuerdo mal, dije que en mi opinión era una obra con un buen punto de partida pero que estaba mal desarrollada y que tenía un final decepcionante, lo que me hacía llegar a la conclusión de que, según mi criterio, era una novela fallida. Koko me parece una obra mucho más lograda, aunque sin llegar a la excelencia.
En este libro Straub narra, en formato de thriller psicológico, la historia de cuatro veteranos de la guerra de Vietnam que compartieron servicio en la misma unidad y que fueron protagonistas y testigos de una masacre contra población civil. Años más tarde han retomado sus vidas en Estados Unidos pero sospechan que un ex-compañero de pelotón, que ya ha asesinado a otros protagonistas de aquel trágico episodio, quiere rendir cuentas con ellos.
De entrada, es una novela, a todas luces, demasiado extensa. Es muy densa y pretende aglutinar demasiadas historias secundarias, aunque es cierto que la mayoría de ellas son necesarias para dar coherencia a la historia.
Los personajes principales están bien cincelados y hacen que el lector se pueda identificar con ellos, huyendo de los tópicos y de los estereotipos habituales y mostrando una profundidad psicológica destacable, sobre todo en los casos de Michael Poole, Tim Underhill y Harry Beevers.
Hay algunos momentos de la novela en los que es difícil mantener la tensión narrativa pero no me parece extraño teniendo en cuenta que se trata de un libro de más de 600 páginas, y Straub lo resuelve bastante bien.
La parte más interesante y absorbente del libro es la que está ambientada en Bangkok, en la que Straub describe con gran fidelidad y acierto el ambiente corrupto, decadente y libidinoso de la capital tailandesa y, en concreto, del barrio de Patpong, repleto de locales que ofrecen espectáculos sexuales, algunos de ellos aberrantes.
Otro de los aspectos destacables de la novela es el uso que hace Straub de la analepsis para retroceder en el tiempo y narrar con gran tensión algunas de las acciones de guerra que los personajes protagonizaron en Vietnam, entre ellas la que es el detonante de toda la trama.
Reconozco que hay que hacer un esfuerzo para entrar en el universo enfermizo que Straub ha creado pero creo que finalmente vale la pena porque nos sumerge de forma cruda en algunas de las peores miseria humanas pero, en contrapartida, también nos muestra algunas de sus virtudes. 

domingo, 16 de febrero de 2020

CRÍTICA

                                   Matarse para vivir/ Chuck Klosterman
Chuck Klosterman (Breckenridge, Minnesota,1972) es un periodista musical que, siguiendo la estela de Hunter S. Thompson y claramente influenciado por el periodismo gonzo, ha alcanzado una considerable fama con algunos libros en los que mezcla experiencias personales con su pasión por la música y la cultura alternativa actual. Ha colaborado con publicaciones diversas en medios tan prestigiosos y variados como GQ, Spin, The New York Times Magazine, The Washington Post y Esquire y se ha convertido en un prestigioso crítico especializado en la cultura popular y el posmodernismo en Norteamérica.
Este es un libro de no ficción que surgió de un encargo de la editora de la revista Spin, que le sugirió a Klosterman que hiciera un viaje en coche por América para visitar algunos de los lugares donde habían ocurrido las muertes de varios de los personajes más míticos de la historia del rock en circunstancias escabrosas (suicidios, asesinatos, accidentes de todo tipo...), para luego escribir una serie de artículos sobre el viaje. Esto se convirtió en una mera excusa para Klosterman que se decidió a escribir además un libro que dedica la mayor parte de su extensión a filosofar sobre la vida, a explicar su compleja relación con las mujeres y, en definitiva, a hacer un repaso a su existencia contando diferentes anécdotas y situaciones que nos dan una idea clara de su personalidad, mitómana, narcisista y egocéntrica.
Llamadme morboso pero a mí me hubiera gustado que el libro se centrara más en el tema original que debería tratar, o sea las trágicas historias de los músicos que vieron truncadas sus carreras de forma prematura y en su relación con la música, aunque debo reconocer que la forma de escribir y de explicar las cosas que tiene Klosterman crea cierta adicción por su prosa ágil, dinámica y, en ocasiones, divertida, aunque a veces sus digresiones sobre los más diversos temas se me hagan un poco pesadas.
             

CRÍTICA

El pintor de sombras/ Esteban Martín
El punto de partida argumental de esta novela es muy interesante. Esteban Martín (Barcelona, 1956) hace un derroche de imaginación mezclando en la trama personajes históricos tan dispares como Pablo Picasso, Jack el Destripador o Steven Arrow (al parecer, junto al Dr. Sherrinford, los hombres en los que se inspiró Arthur Conan Doyle para la creación de Sherlock Holmes y el Dr. Watson). En la Barcelona de finales del siglo XIX el joven pintor español, que vive en un burdel de la calle Aviñón con cinco prostitutas, ve como éstas empiezan a ser asesinadas brutalmente por un sanguinario psicópata que sigue el mismo modus operandi que el legendario asesino que sembró el pánico en Londres diez años antes. Las sospechas de los crímenes recaen en el joven Picasso y, ante la inoperancia de la policía local, las autoridades reclaman la presencia del más famoso detective inglés, Steven Arrow, para solucionar el caso.
Todo el libro está narrado en tercera persona por un narrador omnisciente, menos los capítulos en los que aparecen los investigadores ingleses, en la que ejerce de narrador el Dr. Sherrinford en primera persona del singular.
La aparición de todos estos personajes hace que la novela corra el riesgo de convertirse en un pastiche de personajes dispares que tienen su encanto por separado pero que ofrecen muy poca verosimilitud en una historia conjunta, pero creo que el autor resuelve la papeleta con cierta pericia.
Entre otras cosas positivas, esta novela ofrece una serie de acertadas reflexiones sobre el papel de los medios de comunicación en el trato de las noticias sensacionalistas y el papel decisivo que tendrían en un futuro para manipular a la opinión pública..
Por lo demás, la novela está narrada de forma ágil y dinámica, en una prosa funcional y exenta de artificio. Me parece una obra globalmente interesante pero creo que adolece de una final algo
precipitado y, en cierta manera, decepcionante, por previsible.

sábado, 4 de enero de 2020

CRÍTICA

El secreto de Darwin/ John Darnton 
John Darnton (Nueva York,1941) ejerció durante muchos años como periodista en el New York Times, donde ganó un premio Pulitzer por su cobertura como corresponsal del conflicto que supuso la aplicación de la ley marcial en Polonia entre diciembre de 1981 y julio de 1983. Como escritor ha conseguido cierto éxito escribiendo thrillers de temática científica y médica. El secreto de Darwin (2005) es su cuarta novela y la más conocida después de Neardenthal (1996) que supuso su primer best seller.
La perspectiva con que Darnton encara el argumento es interesante pues mezcla la época actual, con una intriga familiar sobre la muerte del hermano del protagonista, Hugh, un naturalista que está preparando una tesis sobre Darwin y el viaje que realizó en el Beagle en 1831, combinándolo en capítulos alternos con la época en la que se produjo dicho viaje y con el hallazgo sorprendente de un diario personal de Lizzie, una de las hijas del mítico autor de El origen de las especies, que proporciona nuevos datos sobre la vida, las obsesiones y las investigaciones de su padre.
En el aspecto argumental, a parte de esto, lo más destacable es que Darnton se atreve a desarrollar la hipótesis de que Darwin no fue realmente el descubridor de la teoría de la evolución de las especies sino que fue un impostor sin escrúpulos que la copió de un médico que viajaba en la misma expedición que, a su vez, se había inspirado en el chamán de una tribu de las Islas Galápagos para formularla.
Hay que reconocer que la forma de narrar de Darnton hace que la novela sea entretenida y ágil debido al dinamismo de su prosa pero también es verdad que la historia no deja un poso profundo en el lector y queda diluida entre los datos interesantes que proporciona sobre las obsesiones y las rivalidades que Darwin cultivó durante su vida.
En definitiva, es una novela que tiene un remarcable carácter didáctico y lúdico que supera con creces sus méritos literarios.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

CRÍTICA

La escriba/ Antonio Garrido
Los tentáculos de El nombre de la rosa de Umberto Eco son extremadamente largos, hasta tal punto que casi cuarenta años después de su publicación todavía sigue inspirando a muchos autores para escribir novelas del mismo estilo, mezclando la novela histórica y la intriga criminal. Este es el caso de Antonio Garrido y su novela La escriba (2008), que aquí analizamos.
Son muchas las reminiscencias que le llegarán al lector de la obra del mítico semiólogo italiano cuando se adentre en la novela de Garrido; aquí también hay un fraile con portentosas capacidades deductivas y hay un misterio relacionado con unos manuscritos que pueden garantizar el futuro de la cristiandad, todo ello ambientado en la alta Edad Media, durante el reinado de Carlomagno que, por cierto, también tiene un papel importante en el argumento. El protagonismo principal recae en Theresa una aprendiz de escriba cuyo padre, Gorgias, desaparece misteriosamente mientras está trabajando en unos documentos secretos de vital importancia.
La escriba tiene, en mi opinión, dos grandes virtudes: la primera es la gran labor de documentación que el autor ha tenido que realizar para elaborarla y la segunda es la riqueza y la amplitud del léxico que utiliza en toda la narración.
Por contra, hay algunos aspectos que no me convencen y que paso a enumerar: encuentro a faltar en Garrido un estilo propio y reconocible. La trama no me ha enganchado excepto al principio de la novela y creo que con el desarrollo va quedando deslavazada y se diluye en algunas subtramas de poco interés.
Durante la lectura, en no pocas ocasiones, me ha dado la sensación de que el autor ha concebido la novela como un reto intelectual pero olvidando que una ficción literaria debe tener alma y provocar algo más que entretenimiento. En mi caso, en muy pocos momentos la novela me ha provocado emociones genuinas.
Quiero dejar claro que, para ser una novela de debut, me parece una obra destacable pero la verdad es que esperaba algo más.