domingo, 16 de febrero de 2020

CRÍTICA

                                   Matarse para vivir/ Chuck Klosterman
Chuck Klosterman (Breckenridge, Minnesota,1972) es un periodista musical que, siguiendo la estela de Hunter S. Thompson y claramente influenciado por el periodismo gonzo, ha alcanzado una considerable fama con algunos libros en los que mezcla experiencias personales con su pasión por la música y la cultura alternativa actual. Ha colaborado con publicaciones diversas en medios tan prestigiosos y variados como GQ, Spin, The New York Times Magazine, The Washington Post y Esquire y se ha convertido en un prestigioso crítico especializado en la cultura popular y el posmodernismo en Norteamérica.
Este es un libro de no ficción que surgió de un encargo de la editora de la revista Spin, que le sugirió a Klosterman que hiciera un viaje en coche por América para visitar algunos de los lugares donde habían ocurrido las muertes de varios de los personajes más míticos de la historia del rock en circunstancias escabrosas (suicidios, asesinatos, accidentes de todo tipo...), para luego escribir una serie de artículos sobre el viaje. Esto se convirtió en una mera excusa para Klosterman que se decidió a escribir además un libro que dedica la mayor parte de su extensión a filosofar sobre la vida, a explicar su compleja relación con las mujeres y, en definitiva, a hacer un repaso a su existencia contando diferentes anécdotas y situaciones que nos dan una idea clara de su personalidad, mitómana, narcisista y egocéntrica.
Llamadme morboso pero a mí me hubiera gustado que el libro se centrara más en el tema original que debería tratar, o sea las trágicas historias de los músicos que vieron truncadas sus carreras de forma prematura y en su relación con la música, aunque debo reconocer que la forma de escribir y de explicar las cosas que tiene Klosterman crea cierta adicción por su prosa ágil, dinámica y, en ocasiones, divertida, aunque a veces sus digresiones sobre los más diversos temas se me hagan un poco pesadas.
             

CRÍTICA

El pintor de sombras/ Esteban Martín
El punto de partida argumental de esta novela es muy interesante. Esteban Martín (Barcelona, 1956) hace un derroche de imaginación mezclando en la trama personajes históricos tan dispares como Pablo Picasso, Jack el Destripador o Steven Arrow (al parecer, junto al Dr. Sherrinford, los hombres en los que se inspiró Arthur Conan Doyle para la creación de Sherlock Holmes y el Dr. Watson). En la Barcelona de finales del siglo XIX el joven pintor español, que vive en un burdel de la calle Aviñón con cinco prostitutas, ve como éstas empiezan a ser asesinadas brutalmente por un sanguinario psicópata que sigue el mismo modus operandi que el legendario asesino que sembró el pánico en Londres diez años antes. Las sospechas de los crímenes recaen en el joven Picasso y, ante la inoperancia de la policía local, las autoridades reclaman la presencia del más famoso detective inglés, Steven Arrow, para solucionar el caso.
Todo el libro está narrado en tercera persona por un narrador omnisciente, menos los capítulos en los que aparecen los investigadores ingleses, en la que ejerce de narrador el Dr. Sherrinford en primera persona del singular.
La aparición de todos estos personajes hace que la novela corra el riesgo de convertirse en un pastiche de personajes dispares que tienen su encanto por separado pero que ofrecen muy poca verosimilitud en una historia conjunta, pero creo que el autor resuelve la papeleta con cierta pericia.
Entre otras cosas positivas, esta novela ofrece una serie de acertadas reflexiones sobre el papel de los medios de comunicación en el trato de las noticias sensacionalistas y el papel decisivo que tendrían en un futuro para manipular a la opinión pública..
Por lo demás, la novela está narrada de forma ágil y dinámica, en una prosa funcional y exenta de artificio. Me parece una obra globalmente interesante pero creo que adolece de una final algo
precipitado y, en cierta manera, decepcionante, por previsible.