Si un hombre de extracción humilde, excesivamente confiado y con tendencia a ser víctima de todo tipo de timadores, hereda de buenas a primeras, 317.000 dólares de un desconocido tío, su buena suerte puede volverse una maldición, y eso es lo que le pasa a Fred Fitch, un pobre diablo que de la noche a la mañana, se ve perseguido por unos mafiosos, por un abogado sospechoso y por una atractiva ex-estríper que parecen tener interés en conseguir el dinero. Fred se propone averiguar quién ha matado a su tío Matt y poner el dinero a buen recaudo, usando su astucia como única arma, pero en esta historia nada es lo que parece.
Donald E. Westlake (Nueva York, 1933- México, 2008) fue uno de los escritores más prolíficos y talentosos de la novela negra norteamericana, llegando a publicar hasta cuatro novelas al año, algunas firmadas con distintos seudónimos, como Richard Stark, Tucker Coe o Timothy J. Culver. Su rasgo más destacado como autor era la facilidad para cambiar de registro y pasar de novelas violentas, despiadadas y duras, como la serie protagonizada por Parker, a otras en las que utilizaba el humor, la ironía y la sátira para retratar el mundo del hampa. Un pichón recalcitrante, que ganó el premio Edgar de 1967, pertenece al segundo grupo y nos muestra a Westlake en el momento álgido de su carrera como novelista: tiene una gran destreza en la descripción de los personajes, escribe diálogos ágiles y brillantes, y la trama tiene algunos giros interesantes. A pesar de narrar una historia directamente relacionada con la delincuencia, los bajos fondos y el crimen, Westlake consigue que lo hagamos con una sonrisa en los labios.
Sin duda, Westlake sigue siendo, por méritos propios, uno de los grandes maestros de la novela negra.














